Cuento(sin nombre...)

L a mañana había borrado toda evidencia de la tormenta de la noche anterior, sin embargo el sol levantaba un inconfundible olor de tierra mojada.
Salió de la cueva y se sintió sumamente minúsculo y débil ante la arrasadora fuerza de la naturaleza que lo rodeaba, esa fuerza que no podía ser controlada como la tecnología que había desarrollado controlando técnicas y elementos precarios que hallaba en el suelo.
Concibió su soledad y se estremeció junto con ella. La tormenta le había arrebatado todo. Era el único que quedaba de basto grupo con el que convivía.
Gritó.
La infinidad de su universo le devolvió ecos amargos de su voz lastimada. Su reflejo en una mancha de agua en el suelo le devolvió una mirada que mezclaba autocompasión y una nostalgia interminable.
¿Acaso había otra solución que ordenarle a su cuerpo que simplemente dejara de funcionar?
Intentando liberarse de los recuerdos que lo atormentaban escribió en las paredes de su cueva, trazó precarios dibujos. Dibujó a todos los que se habían ido, todos estaban con el, cazando, jugando con los niños, creando armas, todos inmortalizados en un enorme lienzo de roca.
Corrió.
Estaba desesperado, lo único que deseaba su corazón era encontrar lo que había perdido…
No se volvió a saber de él, no hasta miles de años después, cuando en un museo una roca expuesta para mostrar cómo vivían nuestros antepasados en realidad esconde el deseo más grande del ser humano: no quedarse solo…
espero que les guste
Emiliano Flores
Salió de la cueva y se sintió sumamente minúsculo y débil ante la arrasadora fuerza de la naturaleza que lo rodeaba, esa fuerza que no podía ser controlada como la tecnología que había desarrollado controlando técnicas y elementos precarios que hallaba en el suelo.
Concibió su soledad y se estremeció junto con ella. La tormenta le había arrebatado todo. Era el único que quedaba de basto grupo con el que convivía.
Gritó.
La infinidad de su universo le devolvió ecos amargos de su voz lastimada. Su reflejo en una mancha de agua en el suelo le devolvió una mirada que mezclaba autocompasión y una nostalgia interminable.
¿Acaso había otra solución que ordenarle a su cuerpo que simplemente dejara de funcionar?
Intentando liberarse de los recuerdos que lo atormentaban escribió en las paredes de su cueva, trazó precarios dibujos. Dibujó a todos los que se habían ido, todos estaban con el, cazando, jugando con los niños, creando armas, todos inmortalizados en un enorme lienzo de roca.
Corrió.
Estaba desesperado, lo único que deseaba su corazón era encontrar lo que había perdido…
No se volvió a saber de él, no hasta miles de años después, cuando en un museo una roca expuesta para mostrar cómo vivían nuestros antepasados en realidad esconde el deseo más grande del ser humano: no quedarse solo…
espero que les guste
Emiliano Flores
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